jueves

¿Por qué dos colores, puestos uno al lado del otro, cantan?


A flor de piel. Mi mejor amiga dice que es una frase que me identifica bastante y estoy de acuerdo. Cuando me enojo, me enojo en serio. Cuando me río, suelto carcajadas enormes, no me ando con risitas tontas. Y cuando me emociono ... cuando me emociono: exploto. 
El arte, por lo general, me emociona de manera desbordante. Me convierte en una especie de flan. Cuando era más chica (y digo más, porque sigo siendo una pendex) me daba un poco de vergüenza darme cuenta de que los cuadros me emocionaban, me hacían dar vueltas la cabeza y al resto de mis amigos ... nada.
Después, con el tiempo, los viajes, qué sé yo qué más, me fui dando cuenta de que yo podía expresar lo que sintiera en ese momento ... que nadie iba a decir "Qué boluda, mirá como llora mientras mira una foto de Doisneau" (Porque sí, gente, yo lloro con El Beso)
Recién hoy pude explicarle a alguien que no sea mi hermana Lucila, lo que siento cuando voy a alguna muestra, a algún museo o cada vez que veo un cuadro.
No espero que nadie le preste mucha atención a este texto, y por eso mismo lo escribo, aunque me lata el corazón a dos mil por hora y me tiemblen un poco las manos mientras intento explicar las sensaciones.

Voy a empezar desde las esculturas, más específicamente, las esculturas de la edad moderna. Las figuras femeninas en mármol, sobre todo.
Creo que la primera escultura en la que me fijé alguna vez y sentí lo que estoy a punto de explicar, por más raro que suene, fue "La Noche" (de Joseph M. A. Pollet). La vi en el Museo Nacional de Arte Decorativo, acá, en Buenos Aires y fue ... "amor a primera vista".
La Noche es representada, normalmente y sobre todo en las esculturas de la antigüedad clásica, como una mujer, pero ésta "Noche" en particular, fue perfecta para mi (y sigue siéndolo).
Me quedé horas mirándola, al borde del llanto y totalmente emocionada. Sentí paz. Eso es lo que me hace el arte en la cabeza. Me trae paz. Por más que sea el cuadro más perturbador, la paz viene a mi como ... como ... no sé y creo que nunca voy a saber explicarlo. Siento paz por el (quizás) simple hecho de que sé que eso (escultura, pintura, dibujo, lo que sea) va a seguir ahí, me va a esperar, pase lo que pase y si me voy, conservando el recuerdo, cuando vuelva, lo que vea va a ser lo que me imaginé.
Hablaba de "La Noche", yo. Me quedé mirándola, y sentí por primera vez el tirón ... yo lo llamo tirón, mi amigo le dice amor, ustedes pueden decirle enfermedad si quieren. Yo quería abrazar a "La Noche". Quería abrazarla, pasar las yemas de mis dedos por su piel de mármol, quería tocarla, sentirla abajo de mis dedos, saber qué tan real era, y sobre todo, quería besarla.
Sé que suena enfermo, pero ... no lo es en absoluto. El sentimiento, creo, es el más puro del mundo y no sólo me pasa con esa escultura en particular, pero me pareció la única forma de poder explicar lo que siento por las esculturas.

Me emociona querer tocar alguna pieza de arte en una muestra y ... el hecho de no poder hacerlo hace que se me apriete el corazón.

Mi tirón es el que me lleva por los pasillos de los museos, el que me obliga a tocar todo lo que esté a mi alcance, el que me hace picar las puntas de los dedos por sentir el oleo contra la piel y aspirar el olor del lienzo y la pintura. Mi tirón es, también, el responsable de mi locura por las texturas, los colores, los matices. 
El tirón me guía, me introduce en un coma artístico, digamos, del que por más que quiera, una vez fijé mis ojos en una pintura, no puedo salir.

Una vez vi una réplica (jamás estuve cerca del original, y moriría por verlo) de El Nacimiento de Venus (de Botticelli). Ya había visto la pintura millones de veces. Está claro que gracias a internet uno puede disfrutar de ver todo el arte que quiera, la cantidad de veces que quiera ... pero ... pero ... ¿podés sentir el olor a pintura, ver la textura o admirar los detalles a través de la pantalla? No, claro que no.
Me enamoré de El Nacimiento de Venus casi tanto como amo El Beso (de Klimt) o El Almuerzo (de Renoir). Lo admiré desde el momento en el que mis ojos se fijaron en Venus y en la ninfa que la espera en la orilla ... me derretía pensar en el original y sólo pude apartar la vista después de (exactamente) dos horas.

Lo admito, tengo debilidad por las esculturas neo-clásicas femeninas, las pinturas, dibujos y fotografías (sobre todo en blanco y negro) de besos, los pintores impresionistas y algún que otro pintor simbolista.
Y también admito que no sé mucho de arte. No entiendo la mayoría de las cosas, las busco e investigo a medida que voy interesándome, enamorándome, por así decirlo. Pero sé, además, que de alguna forma u otra, el arte siempre termina haciéndome llorar como un bebé y eso ... me hace sentir viva.

Explicar todo esto me da más vergüenza de la que nunca sentí en mi vida y hasta puede parecer ridículo, pero mi amigo lo dijo "No podés explicar el amor" y es por eso, quizás, que no logré decir todo lo que quería.

Porque claro, ¿Cómo le explicás a alguien -en caso de hacerlo- que estás mirando esa escultura y estás llorando porque te emociona, porque te parece hermosa, porque admirás al escultor, porque imaginás el momento de la creación, sus manos tallando cada centímetro de piel, porque morís por tocarla .. abrazarla .. consolarla?

"Literalmente no pinto esta mesa .. sino la emoción que me produce"
H. Matisse