lunes

San Narcos Hierbas

Dicen en San Marcos (mi pueblito cordobés) que "Mechi es fiestera total, la fiesta no es fiesta hasta que llega ella"
Mechi, señoras, señores y pelotudos, vengo a ser yo.
La cosa es que realmente no me creo el alma de la fiesta.  No se como son las fiestas sanmarqueñas sin mi, porque siempre voy a todas, y, las veces que no me presento, estoy tan lejos que ni me entero de como fueron.
Decía entonces que allá, en Córdoba, se me conoce como la fiestera, la que anima a las masas, la que organiza caravanas, la que siempre se prende en todo, la que canta con Federico hasta que sale el sol, baila hasta que se cae muerta y chupa y fuma como una condenada.
Pero acá, en Buenos Aires, soy otra cosa.
Acá soy conocida por mi negatividad a la hora de salir, por tomar poco y hablar solo cuando me hablan.
Es que la fiesta de Córdoba y la de Buenos Aires son bien distintas.
Acá siento que no pertenezco, mientras que allá estoy en mi salsa.
"¡Eh! ¡Vino La Mechi!" se escucha desde lejos y todos nos puteamos durante un rato, porque también soy bien conocida por mi extenso vocabulario insultador.
Allá también, puedo vestirme como quiera, que nadie va a decirme nada.
(Bueno, si .. A veces dicen "¿otra vez con esos pantalones rotos? ¡Mercedes, yo que pensé que Buenos Aires te había cambiado!".) Y eso es lo que no entienden.
Buenos Aires no cambio nada de mi, solo me hizo descubrir cosas que ya estaban ahí.


En San Marcos tengo mas amigos que pelos en la cabeza.
En Buenos Aries, puedo contar a mis amigos con los dedos de las manos.
En San Marcos, nunca estoy sola, sobre todo cuando voy dos o tres días, que todos aprovechamos para insultarnos, mínimo, 24hs al día.
En Buenos Aires prefiero estar sola, tranquila, con mi gato, escuchando música en casa, inventando formulas para conquistar al mundo y esas cosas que hace uno cuando está solo.
En San Marcos me dicen esponja. "Chupa, chupa y chupa como una condenada".
En Buenos Aires soy casi abstinente. (Bueno, paraaaá, me tomo una ginebrita cada tanto, pero ... lo que vale es la comparación)


En fin, no cambié.
Siempre fui así.
Solo que necesitaba mi espacio para poder llevar a la practica lo que sentía.
Extraño San Marcos, mucho, muchísimo. Pero ese ya no es mi lugar.